Damián Feldman.
Mi padre permanecía sentado, con la espalda recta y las manos apoyadas sobre sus rodillas, tratando de mantener el control. Sin embargo, no dejaba de observarme con ese recelo habitual. No confiaba en mí, pero tampoco se imaginaba lo que realmente pasaba entre Amelie y yo. Y yo estaba muy lejos de decírselo, después de que él me pidió que me alejara, eso iba de sobra.
—Damián —rompió el silencio con un tono seco—, pregunta por Amelie. ¿Qué es lo que está pasando? Nadie nos ha d