Damián no soltó a Amelie ni un solo segundo durante el trayecto de regreso. Ella iba enredada en sus brazos, temblando, llorando a ratos en silencio. A su lado, Soraya permanecía encogida contra la ventana, con los ojos enrojecidos, todavía incapaz de procesar lo vivido. Ninguna de las dos había salido del estado de shock.
—¿Seguras de que no quieren que vayamos al hospital? —preguntó Damián con voz preocupada.
Ambas negaron al mismo tiempo.
—No, Damián —respondió Amelie, todavía con la voz qu