Amelie Manson
Un grupo de doctores me rodeaba, sus manos frías y enguantadas presionaban mi vientre con precisión quirúrgica, mientras murmuraban términos que se me escapaban. En realidad, no podía prestar atención a lo que ellos decían. Yo estaba atrapada en un único pensamiento, la idea insoportable de que mis hijos ya no estaban conmigo. Y eso, por Dios, si que estaba torturando por completo mi corazón.
Una de las médicas, una mujer de rostro sereno frunció el ceño mientras leía un papel. Mo