Amelie Manson
El silencio en la habitación era sofocante. La luz que entraba por la ventana apenas iluminaba las sombras que se extendían sobre las paredes, y yo permanecía sentada en la orilla de la cama, con la espalda encorvada, y mis brazos rodeando mi vientre. Sentía el vacío… pero no por completo. Uno de ellos aún estaba allí, aferrándose a la vida, y yo debía protegerlo a como diera lugar.
Tenía que fingir que existía. Que todo había terminado e iba a exigir como recompensa mi libertad.