Damián Feldman.
Reconocí ese perfume en el instante en que la puerta de la sala de juntas se abrió.
Había esperado dos meses por su regreso, dos malditos meses en los que no logré conciliar el sueño ni una sola noche, que contaba los días, completamente consumido en la ansiedad, porque necesitaba que se llegara esta maldita fecha. Me sentía a atormentado con la incertidumbre de cuándo volvería a verla. Y ahora, allí estaba.
Amelie.
El mundo se me derrumbó bajo los pies. Un huracán de necesida