Mundo ficciónIniciar sesiónConseguir el empleo de tus sueños () Encontrar a tu novio siendo infiel () Desquitarse teniendo relaciones con un desconocido en un bar a media noche () (Firmar un contrato en el que accedes a más noches de placer exclusivamente con el desconocido y adentrarte a un mundo totalmente diferente, con ese hombre que eriza tu piel al menos contacto y que ahora es de paso tu nuevo jefe () Las metas que cualquiera quisiera cumplir¿No? Pero hay un problema... ¿Y si me enamoro? O peor aún ¿Y si me enamoro y no es de él? ¿A dónde llega la conciencia humana cuando el corazón es quien toma la mayor parte de las decisiones? Un contrato, una infidelidad, dos hombres y un secreto que podría cambiarlo todo. ¿Te atreves?
Leer más[VAL]
Le doy un último vistazo a mi atuendo en el espejo, esperando a que esté sea ya el definitivo, llevo media hora probándome la ropa más decente que tengo en el guardarropa, no quiero echar a perder mi primera entrevista de trabajo por no vestir adecuadamente.
Aliso mi falda tubo negra, la cual me llega hasta la rodilla, abrocho el botón del escote de mi blusa blanca manga larga y me coloco una pequeña y elegante corbata, mi intensión es ir lo más presentable posible.
Mi cabello es castaño y cae suelto en ondas por mis brazos, solo he usado un poco de fijador para controlar los mechones maleducados que suelen salir cuando ya se ha secado, maquillaje es lo más natural posible, no suelo usar cinco sombras diferentes en los ojos, voy a una entrevista de trabajo a una de las editoriales más importantes del país, no al circo o a una fiesta de disfraces, a la abuela le da risa que lo diga pero no me lleva la contraria. Por último mis zapatos, son negros y de tacón alto, me lastiman un poco los pies ya que no estoy acostumbrada a usarlos, pero dado que debo dar una primera buena impresión, debo soportarlos al menos por la mañana, hasta que la entrevista acabe.
El espejo me da su aprobación justo a tiempo, ya que en segundos, Mark, mi novio, ja comenzado a sonar el claxon de su auto para que me dé prisa.
Me acerco a la venta, la abro y me asomo. — en cinco estoy.— aseguro fuerte para que me oiga.
Rueda los ojos, mientras sus dedos golpean el volante con impaciencia y asiente a regañadientes.
¿Y así dice que me esperará toda la vida?
Como sea, así de dulce es él y así me enamoró, no puedo culparlo, tenemos nuestros momentos dulces que me hacen estar segura de que él es el correcto. La abuela lo adora, aunque no lo diga, o bueno, lo acepta que es lo importante.
Antes de bajar las escaleras me miro en el espejo una vez más y sonrío, pero está vez no por mí reflejo, sino por la foto que yace pegada en una de las esquinas de este, en la que estoy abrazada a madre, quien me dejó hace un par de años con la abuela, estaba enferma y...quizá es mejor no recordar, no quiero que se corra mi maquillaje. Le lanzó un beso a la foto y le pido que me ayude en esta nueva etapa de mi vida, antes de salir de mi habitación.
—¿Te vas, mi cielo?
—Es tarde, abuela, Mark está esperándome en el auto.—
—Sí, lo escuché.— rueda los ojos y deja el plato de su desayuno en la mesa.— no me agrada ese chico.
—Ya lo habíamos hablado, abuela, y lo volvería a hablar pero ya se me hizo tarde.— digo viendo la hora en mi reloj de mano.
La abuela es muy directa, y sí, lo acepto, odia a Mark, pero respeta nuestra relación y siempre me da los mejores consejos, por eso ella es la mujer más ejemplar y valerosa que tengo en mi vida.
La adoro, ella me cuido y me apoyó para terminar mi carrera en la universidad luego de perder a mamá, le debo tanto y no me imagino sin ella.
—De acuerdo, no diré nada, solo seguiré pidiendo al cielo en silencio y en secreto para que lo dejes algún día.—
—Por cosas como esas eres mi persona favorita.— me río.
Como cada mañana, me da la bendición, un abrazo y me pide que me cuide mucho.
Con un asentimiento y un movimiento de mi mano,w despido y salgo de casa, Mark debe estar más que desesperado.
—Te tardaste, Val, estaba a punto de aceptar la invitación de Carlos a ir a su casa a ver el partido de los Yankees.— suspira molesto.
—Lo siento, la abuela me estaba dando la bendición.— dije sin verlo, abrochando el cinturón de seguridad del asiento de copiloto.
Mark bufó.
—¿Ya me quiere?—
—Ya te acepta.— confesé.
Eso de decir mentiras no era lo mío.
Mark arrancó el auto, lanzando el chicle que masticaba en la carretera, algo que me pareció asqueroso, pero preferí no de ir nada.
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—Señorita Woods... Señorita Woods —escuché mi nombre a lo lejos, pero los párpados me pesaban demasiado como para intentar abrirlos y ver quién podría ser que me estaba llamando—. ¡Valentina Woods!
Despierto de golpe, botando los documentos que tenía sobre mis piernas. —¡Yo…! ¡Soy yo... Valentina Woods!— exclamo con premura, impactada por la forma en la que me había despertado y con mi corazón latiendo a mil por hora.
Siento un sudor helado bajar por mi espalda, seguido de un par de escalofríos, no obstante trato de calmarme para no decir una estupidez.
Escucho unas que otras risas burlonas de las dos chicas que están sentadas en la sala de espera, en las sillas que están en la fila frente a la mía, sin embargo decido ignorar.
Por actitudes como esa es que el mundo cada vez está peor.
La elegante chica rubia de cabello corto, me mira de pies a cabeza con desaprobación, niega con una mueca de fastidio en su rostro y habla de nuevo. — Recoja sus cosas y sígame. — ordena.
—¡Qué vergüenza! —dice una de las tipas de las que hablé anteriormente.
—Esto será fácil—suelta entre risas la otra.
No me molestó en verlas, no quiero llenarme de odio por personas vanas, si algo he aprendido de la abuela es a ver, oír, ignorar y collar, porque donde la ignorancia habla, la sabiduría calla.
Es como cuando te preguntan…"¿Quién está más loco? ¿El loco o el que sigue al loco?". Tú decides cual de los dos eres.
Y yo no me convertiré en la loca que siga sus inseguridades.
Primera señal de que esto no sería fácil, pero que tampoco todo está perdido, es que de pronto una de las chicas grita horrorizada, seguida por la otra quien suelta un "maldición" en voz alta, al voltear a verlas, ambas están embarradas de lo que parece ser capuchino, totalmente mojadas y manchadas.
al levantar mi vista hacia el culpable, me quedo con la boca abierta.
—¿Estás bien?—
No contesto...no soy capaz.
Sus ojos son claros, pero no llegan a ser zarcos, son muy extraños y llamativos, su cabello es castaño, pulcro y ordenado y su voz…¡Rayos! Su voz es dominante, hecha quizá para un dios griego como esos que no existen...todo él es alucinante.
Se agacha y me ayuda a recoger mis cosas, ni siquiera soy capaz de agradecérselo.
Si antes no podía hablar, cuando sonríe y me entrega mis cosas, siento algo arder en mi estómago y me quedo en blanco.
O no tan en blanco, ya que cuando estoy nerviosa suelo decir curiosidades triviales sin poder controlar mi bocota.
—En el palacio de Versalles no hay baños.
¡Mierda! No dije eso, ¿Verdad?—
—Pues que suerte que su entrevista será aquí.— suelta en medio de una sonora carcajada.
Algo me dice que el empleo no será mío.
[VAL]Me levanto rápidamente y tomo la toalla, un minuto después estoy en la ducha, repitiendo mentalmente lo que Dave me ayudó a poner en mi hoja de vida renovada.Me di cuenta de que mi currículum no era tan impresionante y, la verdad, solo quiero obtener el empleo; más que eso, lo necesito, lo anhelo, lo deseo... bien, creo que mi punto quedó claro.Salgo de la ducha y cepillo mis dientes, la hora en el reloj blanco sobre mi pared, arriba del espejo, me informa que son las 06:00 a. m. y es tarde, mi entrevista es a las 07:00 a. m., lo que me da una hora para arreglarme y verme un poco decente y correr hasta el metro, ya que es la hora pico y los autobuses van muy tardados.Salgo a la recámara principal y me quedo de piedra, cual iguana ante un peligro, al ver a la abuela sentada en mi cama, con sus brazos cruzados y su mirada amenazante.—¡Abuela! —sonrío con mis dientes pegados, fingiendo emoción.—¿Abuela? ¿Me evitas por tres días y solo me dices “¡abuela!”? ——Abuela, es tarde p
[VAL]—Tu-tu apartamento es...lindo— observó a mi alrededor con detenimiento, buscando que las mariposas en mi estómago no me hagan pasar por un momento vergonzoso, esto es adrenalina para mí, algo que si no estuviera ebria, no haría.El lugar es enorme, solo la sala es igual de grande que mi casa, tiene un juego de sofás de color carmesí, que combinan a la perfección con el tapiz del piso, la pared del lado opuesto de la puerta es de cristal, las demás son de concreto, pintadas de color azul cielo, lo que le da un poco de vida al lugar. La vista a la ciudad es hermosa y justo en medio hay unas escaleras doradas que dan a un segundo piso. No miento al decir que es hermoso.—Gracias, contesta, quitándose el saco y dejándolo sobre el perchero de madera, cerca de la entrada—. Toma asiento —señala el sofá.Acepto la invitación y me acomodo en el sofá más grande, con mis piernas juntas y los dedos de mis manos entrelazados, mirando hacia el piso, mientras en mi mente me preguntó. ¡¿Qué ray
[VAL]El estómago comienza a pedirme comida, ya es tarde y aunque creo que quizá estoy exagerando y lo que he esperado en el restaurante es poco, al revisar la hora en mi reloj, confirmo que mi teoría de “ya es tarde” es real. Los demás comensales ya han comenzado a retirarse, no es para menos, es casi medianoche, pero no puedo irme porque Mark dijo que vendría. Tiene que hacerlo, él nunca me ha fallado de esta manera. Celebraríamos que él sería el nuevo entrenador del equipo de fútbol de la universidad estatal de Florida, y que yo había pasado a la segunda fase para entrar a la editorial de mis sueños. No podía olvidarse de algo tan importante, algo que era no sólo para mí, sino también para él. —¿Ordenará algo? Tal vez su acompañante tuvo un inconveniente. ¿Está segura de que vendrá? —preguntó el mismo mesero, que ya llevaba tres veces con esta, preguntándome lo mismo. Las dos veces anteriores había negado, pero esta vez sentía que tomaría su consejo, después de todo no me había
[VAL]“Para ser un buen escritor, tienes que ser un buen lector” eso dijo Bertrand Russell, un escritor y filósofo británico. Y yo, estaba segura de que lo era.Me había leído la saga de “El señor de los anillos” en dos días y dos noches, en dos semanas había acabado con “Harry Potter” y eso porque en mi mesita de noche guárdame mi marcador verde, para seleccionar mis partes favoritas (lo que me sumaba tiempo), En cuatro días y medio había terminado toda la saga de “Los juegos del hambre” (me enamoré del personaje principal) y casi lloré cuando leí “Yo Antes De Ti” (me seguía pareciendo inaceptable la decisión de Will), y fue más triste porque era una tarde lluviosa de abril, mientras me devoraba un bote de helado de pistacho y ron, al lado de la abuela, quien se había quedado un dormida sobre el sofá mientras miraba un documental sobre las Actineas, conocidas popularmente como Anémonas de mar, o mejor descritas por su filo, Cnidarias.Ella era una fiel televidente de Animal Planet. H
[VAL]Le doy un último vistazo a mi atuendo en el espejo, esperando a que esté sea ya el definitivo, llevo media hora probándome la ropa más decente que tengo en el guardarropa, no quiero echar a perder mi primera entrevista de trabajo por no vestir adecuadamente. Aliso mi falda tubo negra, la cual me llega hasta la rodilla, abrocho el botón del escote de mi blusa blanca manga larga y me coloco una pequeña y elegante corbata, mi intensión es ir lo más presentable posible.Mi cabello es castaño y cae suelto en ondas por mis brazos, solo he usado un poco de fijador para controlar los mechones maleducados que suelen salir cuando ya se ha secado, maquillaje es lo más natural posible, no suelo usar cinco sombras diferentes en los ojos, voy a una entrevista de trabajo a una de las editoriales más importantes del país, no al circo o a una fiesta de disfraces, a la abuela le da risa que lo diga pero no me lleva la contraria. Por último mis zapatos, son negros y de tacón alto, me lastiman un





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