Amelie Manson
—No necesito que nadie me defienda, Damián. Mucho menos tú, ni siquiera tienes una posición importante en esta compañía. —Solté llena de odio, o al menos eso intenté. No estaba segura si en verdad lo odiaba, porque en ese instante, ese hombre que estaba parado frente a mí, espantando a las mil víboras que querían devorarme, todavía me hacía temblar, y mis piernas lo delataban.
—No te defiendo, solamente cumplo la última petición de mi padre. Sé que puedes sola, pero está bien. —di