Amelie Manson
Mientras la niñera que había contratado para cuidar a mi bebé lo arrullaba con una canción suave, yo ajustaba los últimos detalles de mi vestido frente al espejo. Sentía que me veía más ancha de lo normal: mis caderas pronunciadas, el vientre aún con una curva evidente que ningún entalle lograba ocultar. Cada movimiento era escrutado por Soraya, mi abogada y la única amiga en la que confiaba plenamente, que no se limitaba a mirar, sino a evaluarme como si mi vida dependiera de ell