Mundo ficciónIniciar sesiónFue amor a primera vista, aunque el solo desearlo fuera pecado y ya mi alma esté enlazada con la condena. En sus ojos pude verme y el ardor en mi cuerpo cobro vida. El padrecito se había convertido en mí obsesión a primera vista. Yo en su espía... su pequeña cazadora, una que también deseaba ser cazada.
Leer másAnsioso por tenerla, esperé a que cayera la oscuridad de la noche antes de internarme en el bosque como atajo de resguardo para llegar al pueblo. Bajo la luz de la luna llena, todo resultaba más sencillo; bastaba con dejar que la bestia tomara el mando y siguiera aquel rastro que parecía grabado en mis sentidos.Lo único que tardó fue su presencia.Cuando finalmente llegué hasta la ventana de su habitación, ya había recuperado mi forma humana. Empezaba a forzar la ventana con cuidado, procurando no hacer demasiado ruido, cuando la vi entrar.Ahí pare la maniobra desesperada. Entonces me vio.Al principio noté confusión en sus ojos curiosos. Se quedó quieta por unos segundos, como si intentara comprender qué hacía yo allí.Sus ojos se fijaron en los míos y, para mi sorpresa, comenzó a acercarse muy despacio. Una sonrisa apenas contenida apareció en sus labios esponjosos.Mi lobo ronroneó dentro de mí.—¡Padrecito! —La escuché decir, entre inocencia, torpeza y excitación. Antes de co
POV: El padrecito ( Diogo Braconchely) *Unas horas antes*Ya esperaba con impaciencia a mi hermano.Caminaba de un lado a otro, recorriendo con la mirada aquel espacio que ya empezaba a resultarme de lo más aburrido. Había demasiado silencio para mi gusto. Incluso mi lobo Escorpión parecía inquieto.Quizá aquello fuera mejor que estar encerrado en una cárcel, pero me estaba aburriendo hasta morir.Di un pequeño puñetazo sobre la mesa. La madera chirrió bajo mis nudillos y aparté las manos de inmediato. Respiré hondo y volví a mirar por las ventanas.« Nada. »Ni siquiera la silueta de Mateo.Tampoco podía sentir a su lobo cerca.La impaciencia comenzaba a atormentarme más.Me rasqué la nuca mientras mi lobo soltaba un gruñido dentro de mí.—Maldición… ¿dónde estarás, Mateo?Regresé a la habitación y aproveché para entrar al baño. Abrí el grifo y me eché un poco de agua fría en el rostro, intentando aliviar la furia que me hervía por dentro.Sabía perfectamente qué me estaba pasando.
Cuando me puse en marcha para regresar a mi habitación, me pegué un ligero susto al ver a mi madre salir tambaleándose un poco. Me adelanté para sostenerla. —Mami, ¿te pasa algo? —No, tranquila. Llevaba varias horas orando y, cuando me puse de pie, me mareé un poco. Pero estoy bien. Iré a tomar un poco de té. —Ok. Me pareció normal; tenía lógica. Sin embargo, no pude evitar preguntarle nuevamente: —¿Pero por qué oras tanto? O sea, no eres una pecadora, mami. Eres una santa. —Mi hija, últimamente el demonio anda suelto, tentando todas las almas. La miré a los ojos. Ese día no entendía a nadie. —¿Y qué pecado podrías tener tú, aparte de castigarme? Bueno, quizá ese sea tu pecado. Deberías perdonarme, mami. —Carmen, una cosa no tiene que ver con la otra. Es por tu bien que te he castigado. El Señor nos manda a ser obedientes. Si no lo hago, yo sería la que estaría faltando. Levanté las manos en señal de rendición y me alejé. —Tú tómate el té, mami. Yo me iré a dormir
POV; Carmelina. —No puedo seguir así... —me quejé frente a la ventana de mi habitación.Ese día no había sido tan horrible como los anteriores. Al menos mi amiga Lulú había pasado el día conmigo. Incluso estábamos viendo una película de terror cuando su papá feo apareció en casa para llevársela.Fue horrible.Ese hombre era tan malo como decían...En ese momento, por suerte, estaba mi tía Morgana con nosotras. Mi mami ni siquiera se dio cuenta. En los últimos días se la pasaba rezando más de lo acostumbrado dentro de su habitación. Parecía como si algo la estuviera atormentando... o tal vez eran cosas mías.No lo sabía.Suspiré profundamente.—Ay, si por lo menos mi amiga aun estuviera aquí... Ese papá feo se llevó a mi Lulú. Tan bonito que fue pasar el día con ella...—pensé en voz alta. Miré otra vez la luna, que se alzaba sobre el horizonte en un cielo oscuro y sin estrellas. Desde allí se veía tan bonita...Después de otro suspiro, me dirigí hacia la puerta con la esperanza de q
Último capítulo