Mundo ficciónIniciar sesiónFue amor a primera vista, aunque el solo desearlo fuera pecado y ya mi alma esté enlazada con la condena. En sus ojos pude verme y el ardor en mi cuerpo cobro vida. El padrecito se había convertido en mí obsesión a primera vista. Yo en su espía... su pequeña cazadora, una que también deseaba ser cazada.
Leer másEra como si me partieran en dos mitades. La sensación de eso tan inmenso rompiendome por dentro fue más doloroso de lo que pude haber imaginado nunca. Los cuentos de mi tía quedaron cortos, en comparación a la sensación.El me abrió, más... empujó más fuerte.—¡Ay...! —grite más fuerte, casi implorandole que se detuviera o me diera más suavecito. —Padrecito, me duele... ahhh. Después que le suplicara un poco y bajara la vista para ver como me estaba cogiendo. Comprobé que la tenía toda enterrada en mi coño.Casi abro la boca y vuelo a gritar cuando la saco un poquito y me la metió con más fuerza, pero sus labios me frenaron con un beso bonito, de lo más tierno. —Ahora me movere, corderita. Debes aguantar, pronto te encantara. —Lo escuché decírmelo despacio, mientras me mordia suavemente el labio inferior y jugueteaba un poco con mi lengua. —Que rico besa padrecito mío. —Murmure, ya casi olvidando un poquito el dolor. Fue poco tiempo de alivio, una vez el padrecito libero mis labi
—No quiero eso. —Le dije conteniendome no solo a mi, también al animal feroz que me habitaba. —Te quiero a ti corderita. —Agregue antes de tomar la toalla y tirarla al piso. Mis sentidos estaban ceñidos a la visión exquisita de su cuerpo voluptuoso. La corderita tenia una tetas hermosas, jugosas... bonitas. Lo más impresionante era lo quieta que estaba, a espera que la devorara. Pronto atendí a ese llamado; al de su corazón que lo escuchaba latir muy fuerte, al del olor de su sexo que ya me tenía la verga dura y palpitante. Toda ella me enloquecía, no solo por la conexión, la condenada tenía buena carne, su cuerpo me encantaba.Sin moverme de dónde estaba parado, unos 40 centímetros de ella, hice el primer roce provocador.—Ah... padrecito. —La escuché susurrar. Eso no era nada, simplemente acaricie sus pezones con mis pulgares, despacio, aunque mi lobo inquieto me suplicaba que enterrará mi cabeza en su coño, por suerte mi humanidad era más racional, quería probarla despacio... as
La habitación donde dormía el padrecito, olía mucho a él, mire rápidamente la enorme cama que se veía como nueva. Las sábanas verdes también estaban limpias y bonitas. No pude evitar dar uno pasitos adelante, agacharme y tocarla... pase la mano despacio por la suave tela como si fuera a él que estuviera tocando.—Es tan suavecita. —murmure después del contacto, luego por impulso me lleve la mano a la nariz. —Si. huele a él, mi padrecito duerme aquí. Me pareció raro. Tanto que me fije con más curiosidad en los detalles de la habitación. Había una sola ventana, un gavetero aparentemente nuevo y un armario gigante que no me dejo matar mi curiosidad, al darme de cuenta que estaba cerrado, una vez mis ojos se toparon con un enorme candado que lo estaba asegurando. Me rasque un poco la cabeza mientras seguía observando, serena y un poquito inquieta. Me daba vuelta la cabeza el ¿por qué? el padrecito Mateo estaba viviendo ahí. La recámara era lo menos feo, pero en comparación a la casa
Me tocó esperar, aunque el calor me consumía por dentro. Quería empezar a jugar.El padrecito se apartó despacio, como si supiera exactamente lo que provocaba al hacerlo. Yo me quedé allí, inmóvil, con la mirada clavada en su espalda musculosa, mirando el enorme tatuaje. Por un instante, juraría que el lobo tatuado en su piel me devolvió una mirada viva... juraría que hasta había notado un brillo rojo en sus ojos. El lobo me veía o eso parecía. Me persigne al sentir un fuerte escalofrío recorrerme… pero no fue suficiente para apagar lo que ardía en mí, mi coño estaba caliente, incluso me tenía las bragas mojaditas. Obediente, me dirigí a la cocina a prepararle el almuerzo. Aunque, a esas horas, ya no sabía ni cómo llamarlo. Pasaban de las tres de la tarde, y aun así me puse a cortar vegetales, intentando distraerme de mi deseo. No podía mentirme a mi misma, no había ido para cocinarle, ni con tanto ánimos de limpiar, solo quería estar con mi padrecito. Mientras pensaba en que pront





Último capítulo