Mundo de ficçãoIniciar sessãoFue amor a primera vista, aunque el solo desearlo fuera pecado y ya mi alma esté enlazada con la condena. En sus ojos pude verme y el ardor en mi cuerpo cobro vida. El padrecito se había convertido en mí obsesión a primera vista. Yo en su espía... su pequeña cazadora, una que también deseaba ser cazada.
Ler maisMe encantó ver mi reflejo en el espejo. El verde escándalo me sentaba muy bonito, aunque no fuera mi color preferido. Di un par de vueltas frente al cristal y luego pellizqué mis cachetes para darles un poco más de vida; no me gustaba verme pálida. Acomodé el cabello con los dedos, alborotándolo apenas para que ganara volumen. Me sentía feliz, casi realizada. En pocos minutos estaría frente a mi padrecito.Respiré hondo y tomé mi cartera favorita, la de brillos, esa que mi mamá me había regalado en una de nuestras últimas salidas de compras, en aquella ciudad cercana, la más próspera que conocíamos en comparación con este pueblecito tan diminuto.—Estás perfecta —me elogie, al ver lo linda que me veía, incluso que empezaba adelgazar. " Dos días más de hambre que pase me servirían" pensé con alegría. —¡Ay, padrecito Mateo!, hoy se enamorará de mí, estoy segura —dije en voz alta, casi dando saltos de felicidad.Tras aprobar una última vez mi look, caminé hacia la puerta y sellé mi salid
«Fornicar: significa tener relaciones sexuales fuera del matrimonio o de una unión estable, un término que se originó del latín fornix (bóveda), refiriéndose a los burdeles romanos ubicados en arcos, y que hoy en día se usa para describir el coito no marital, o incluso la promiscuidad sexual. »—¡Ahhh! ¿Qué dije?Grité alarmada al comprender por fin el significado de aquella palabra que le había dicho al padrecito.—¿Qué pasa, Carmelina? —preguntó mi tía, recostada en el sofá más grande, hojeando una revista de estilo y vanidades sin demasiado interés… hasta ese momento.La miré con la cara ardiéndome de vergüenza. Me sentía fatal al pensar que, por haber pronunciado una palabra tan fea en el confesionario, quizá él estaría imaginando lo peor de mí. Incluso peor que el sexo.—Dije algo malo en el confesionario —admití haciendo pucheros, porque, en el fondo, sentía que mi tía tenía parte de la culpa—. El padrecito me reprendió… ahora debe estar pensando que soy una bruta.Ella me obser
—He fornicado padre. —Cerre los puños al escucharla confesarse sin pudor, casi con tono divertido.—Me robe una botella de vino y me fui a fornicar en compañía de mi amiga Lulú, al campo. —Entonces eres doblemente pecadora. Ladrona y fornicadora. —Escupí, ya con ganas de saber que desgraciado la había tocado. —Si, pero me pareció divertido en ese momento padrecito. —Hizo una leve pausa antes de continuar con su cuento tonto. —ahora no tanto.—¿Te gustó? —Le pregunté, de forma casi inquisitiva. —¡Me encantó! Es muy ricooo.—Me maldije en silencio por haberle hecho una pregunta por la cual no deseaba respuesta. La única ventaja de todo era que más rápido podría follarla. Después de ahí nadie más podría tenerla. No sin correr el riesgo que lo mate. —No se quede callado padrecito. Me arrepiento de todo. Le prometo que con usted siempre seré honesta y nunca le robaré como al antiguo padre. —La corderita no se callaba, ya me empezaba a dar jaqueca su cotorrear. Después de exhalar un poco
Al ajustarse el cuello, parecía sellar no solo la sotana, sino también una parte de sí mismo: un hombre envuelto en silencio, fuerza y contradicción, cuya sola presencia imponía respeto y despertaba inquietud. Volví a mirar mi aspecto antes de salir de la habitación y por poder observar los pasillos desolados, la atmósfera aburrida y solemne que me hacían preguntarme una y otra «¿qué mierda hacia yo en ese lugar? »"Verdad. Me andan buscando por un cargamento de armas y si me encuentran pondre en riesgo la manada."Me bufé a mi mismo en complicidad a mi lobo, que gruñía de pereza en mi interior al verse en un estado sedentario y ambos satisfaciendo nuestro fuerte apetito sexual, con simples masturbaciones solitarias. —Buenas tardes padre Mateo. —Me saludo con cortesía la primera monja que me tope camino nuevamente a la iglesia para confesar algunas señoras impertinentes. —Bendiciones, hermana. —Dije fingiendo una voz más calmada, cuando recordé que hacía se llamaba el verdadero pad
POV; El padrecito.« ¡Maldición! » grite por dentro, apenas atravesé la puerta de la habitación parroquial... después de tener que usar toda mi fuerza de voluntad para no cometer una locura cuando volví a sentir el aroma dulce y excitado de esa pequeña rubia regordeta.Ya lo tenía más que confirmado, el olor de sus feromonas con una mezcla de menta, flor de clavel y miel, habían vuelto loco a mi lobo escorpión. Aún lo podía sentir ronronear de deseo luego de sentirse insultado por que la diosa luna nos había concedido una insignificante humana como mate. Me rasque un poco la nuca con desenfado, para luego deslizar uno de mis dedos por el cuello de la sotana que indudablemente había sido elaborada a la medida de mi hermano. Sentía mucho calor. Siguiendo con la maniobra que se me había vuelto hábito después de mi llegada tres días atrás a este pueblo polvoso e ideal para resguardarme de mis crímenes.Me desplace hasta una esquina, dónde había un espejo donde mi 1, 97 metro de estatur
POV; Morgana «¿Cómo se supone qué deleite al padre con mis encantos, con estas viejas brujas impidiéndome el paso?» La pregunta me martillaba la cabeza una y otra vez, mientras observaba el gesto agrio —casi estreñido— de la bruja reina de la ciudad de Zanoc: Filomena de Matogroso. Se creía dueña de todo solo porque era la esposa del alcalde, Elías Matogroso, como si el poder se heredara por ósmosis matrimonial. Ganas no me faltaba de contarle las veces que había cogido al verga 3/4 de su marido, para ver si se infartaba en ese mismo instante. Miré con desesperación en distintas direcciones buscando a Carmelina; incluso llegué a anhelar la remota posibilidad de ver a Lulú. Pero lo único que distinguí, a cierta distancia, fue a mi hermana junto a Sabrina, conversando como si nada. —Ya libérenme el camino. Necesito buscar a mi sobrina —dije finalmente, tras tomar aire y obligarme a hablar con educación. Sabía que debía justificarme si quería salir de la trampa que esa mujer fea ha





Último capítulo