Elena no pudo dormir aquella noche. Se quedó sentada en la cama, abrazando sus rodillas, con la mente dando vueltas alrededor de lo que había visto. La silueta en el jardín seguía grabada en sus retinas: una sombra moviéndose con cautela, demasiado cerca de la mansión, demasiado consciente de su presencia.
Por más que trataba de convencerse de que podía haber sido un guardia, un jardinero o incluso una ilusión provocada por el cansancio, algo dentro de ella le decía que no era así. Esa figura h