Elena amaneció con la mente revuelta. Apenas había pegado el ojo tras la aparición de aquella figura bajo su ventana. La amenaza de Alejandro aún resonaba en su cabeza, fría y tajante como un cuchillo: “Si inventas historias, las consecuencias serán tuyas.”
No estaba loca. De eso estaba segura. Y aunque Alejandro no lo creyera, alguien había estado observándola en la oscuridad.
Bajó al comedor más tarde de lo habitual. La mesa ya estaba servida y Alejandro la esperaba, traje impecable, café en