El amanecer bañaba las montañas de Monterrey con un resplandor dorado.
Lucía observaba el horizonte desde la terraza del pequeño departamento que habían alquilado. Las luces de la ciudad parpadeaban como brasas en la distancia, y el aire fresco traía el olor a café y pan recién hecho de una cafetería cercana.
Era su primer día en la nueva ciudad.
Su nueva vida.
El comienzo de todo lo que habían prometido.
Alexander aún dormía, agotado por el viaje y por las últimas semanas de preparación. Había