No ocurrió como una caída limpia. No hubo un instante claro que pudiera señalar como el comienzo del colapso. Fue más bien una pérdida progresiva de coherencia, como si el mundo empezara a deshilacharse desde los bordes y yo me quedara en el centro sosteniendo algo que ya no tenía forma. Seguí caminando unos pasos más después de sentir el implante apagarse del todo, como si el cuerpo se negara a aceptar que la última estructura interna había cedido. Luego, el suelo dejó de ser una superficie co