No ocurrió como una fractura limpia ni como una explosión evidente, sino como una bifurcación silenciosa que comenzó a hacerse visible solo cuando ya era imposible ignorarla, y mientras avanzábamos por el campus, atravesando ese mismo entramado de luces suaves y sombras alargadas que hasta hace poco parecían sostener una coherencia compartida, empecé a notar que la tensión ya no se distribuía de manera uniforme, ya no se desplazaba como una sola corriente, sino que comenzaba a organizarse en di