No la seguí, y esa fue la primera decisión real que tomé desde que todo empezó a desmoronarse en direcciones distintas, no fue un gesto impulsivo ni una reacción contenida, fue algo más preciso, más frío, una aceptación consciente de que acortar la distancia en ese momento no iba a acercarnos sino a forzar una coherencia que ya no existía, y mientras la veía desaparecer entre los senderos iluminados, con su figura integrándose sin esfuerzo en ese sistema que ahora reclamaba intervención constan