No hubo advertencia previa. Ningún síntoma gradual que pudiera interpretar como una amenaza gestionable. Nada que encajara en los modelos de fallo que había aprendido a anticipar. Lo supe en el instante exacto en que el implante reaccionó con una latencia imposible, una respuesta fuera de escala que no correspondía a ningún estímulo externo ni a ninguna orden consciente. Fue una anomalía limpia, casi elegante, como si el sistema hubiese estado esperando ese momento concreto para recordar quién