ZOE
No fue un sonido lo que llegó primero, sino una sensación. Como si una sombra se deslizara por debajo de mi piel, empujando desde adentro. Cerré los ojos, intentando escapar de esa vibración que parecía filtrarse por las paredes del centro, colándose entre los parpadeos inestables de las luces frías. Y entonces ocurrió: una voz. No una cualquiera. La suya.
—Zoe…
Me incorporé de golpe, jadeando como si acabara de resucitar. No había nadie en la habitación. Solo la penumbra azulada de los mon