Hay un momento muy específico en el que uno comprende que algo ha cambiado de verdad y que ese cambio no tiene vuelta atrás. No es un momento dramático ni particularmente memorable si se lo mira desde fuera; nadie levanta la voz, nadie anuncia que una etapa ha terminado y que otra comienza. Simplemente sucede que, de pronto, los patrones que antes parecían inevitables dejan de aparecer. No desaparecen por completo —los sistemas sociales nunca se transforman de forma tan limpia—, pero comienzan