Durante mucho tiempo creí que las instituciones cambiaban cuando las personas que las componían empezaban a pensar de manera diferente. Era una idea tranquilizadora porque sugería que la evolución cultural se trasladaba casi automáticamente a las estructuras que organizaban la vida colectiva. Sin embargo, a medida que el fenómeno que habíamos estado observando se volvía más visible, comencé a comprender algo que hasta entonces había subestimado: las estructuras no solo reflejan las ideas de qui