El aire se hizo denso al caer la noche. La atmósfera de la mansión Valente, habitualmente impregnada de lujo y silencio, esa noche olía a presagio. La luna llena se ocultaba tras nubes espesas, sumiendo el jardín en una oscuridad que Valentina agradeció.
La cena fue un espectáculo de frialdad controlada. Nicolás no había dirigido la palabra a Beatriz más allá de la cortesía mínima. Beatriz, por su parte, se había excedido con el vino; su histeria de la mañana había dado paso a una ebriedad pesa