Fernando López salió de la habitación con el pulso acelerado y el orgullo sangrando. El rechazo de Carmen no solo le dolía como hombre, sino que lo hacía sentirse como un impostor en su propio compromiso. Bajó las escaleras de la villa a zancadas, ignorando el lujo que lo rodeaba, hasta que el aire fresco de la noche italiana golpeó su rostro.
Se adentró en el jardín, buscando un rincón donde la luz de la fiesta no pudiera alcanzarlo. Sacó un cigarrillo con dedos ligeramente temblorosos, lo enc