Mundo ficciónIniciar sesiónEl invierno en la ciudad seguía con nieve fina cayendo, pero el día estaba claro y el solecito con brillito tenue que hacía brillar los árboles cubiertos de escarcha. Viktor, Sofía y Dimitri salieron temprano en el Maybach blindado, dejando el ático en manos de doña María, Ana quien es la novia de Dimitri, y los niños se quedaron bajo el cuidado de ambas.
Doña María había insistido en decir. —Vayan tranquilos. Yo guardo lo que falta con Ana. Alexei ayuda y Nikolai duerme. ¡No quiero excusas! Sofía, con el vientre aguadito y esponjoso pero el cuerpo todavía con esa suavidad post-parto, se acomodó en el asiento trasero al lado de Viktor, con una mano en su pierna. —Gracias por dejar a los niños, amor. Necesitábamos esto, solo nosotros tres viendo la casa. Viktor le besó la mano con ternura y amor. —Tú mandas, mi amor. Dimitri encontró la perfecta. Vamos a ver si te enamora. Dimitri manejaba, mirando por el retrovisor. —Treinta minutos, jefa. Casa en las afueras, bosque privado, lago pequeño. Todo lo que describiste cuando estábamos preparando el plan. El camino fue tranquilo, charlaron de detalles pequeños, como dónde pondrían la oficina, el gimnasio, la cocina enorme para doña María. Sofía miró por la ventana, nieve cayendo suave, viendo pasar los árboles en caleidoscopio veloz. —Extrañaré el ático. Ahí nació Nikolai, ahí volviste limpio... mi monje sexy. Viktor le apretó la mano recordando cada detalle que ella describía. —Y ahí empezamos de verdad. Pero esta casa nueva... es para lo que viene. Más niños, más caos, más nosotros. Dimitri sonrió complacido al pensar que a donde van a ir, podría ser la casa de sus sueños. —Y más espacio para que Alexei corra sin romper cristales caros. Pasaron como unas dos horas hasta que se estacionaron en la entrada de una mansión moderna pero cálida, piedra y madera, terreno amplio con bosque al fondo, lago helado brillando. Sofía y Viktor salieron del auto, el concreto al pisar se sintió satisfactorio, algo nuevo, y se acercaron a la casa para entrar y evaluar. El hall es alto, una luz natural que se filtra y entrando por ventanales gigantes. Sofía dio media vuelta para verlos a ambos. —Es... perfecta. Mira esta vista. Viktor se acerca y la abrazó por detrás apretando suavemente el abrazo con amor, su mano acariciando su vientre de relieve y oliendo su perfume en el hueco de su cuello. —Imagínate amor, salón grande para Navidad con mamá gritando, jardín para que Alexei juegue fútbol, habitación para Nikolai con vista al lago. Dimitri guiaba a los dos por toda la casa mencionando cada espacio, cada detalle. —Cocina profesional, diez habitaciones, piscina cubierta, gimnasio, oficina con vista al bosque. Seguridad discreta, como siempre. Sofía subió las escaleras, Viktor siguiéndola. —Cuarto principal... mira este balcón. Salieron para evaluar ma vista al bosque nevado, silencio absoluto. Sofía suspiró con satisfacción. —Es como la isla, pero con nieve. Para los niños crecer seguros. Viktor le dio un beso en el cuello, delicado, suave, duradero, se acercó en su oído para decirle un suave susurro. —Y para nosotros... noches sin interrupciones de niños gritando. Ella se echó a reír con Picardía y diversión sacudiendo la cabeza levemente y se acerca para apretarse contra él, quizá pensando en marcar la casa y hacerla suya, pensarlo internamente los hizo reírse. —Mentira. Con dos ya, y quizá más... interrupciones garantizadas. Dimitri carraspeó desde abajo. —¡No empiecen ahí arriba! ¡Queda tour!— dijo cadi con la voz quebrada y nerviosa pensando que ya lo iban a traumar. Bajaron riéndose los dos. Recorrieron el resto de lugares, habitación para Alexei con espacio para juguetes, para Nikolai con cuna grande, para doña María con vista al jardín para sus plantas y flores. Hay oficina doble, una para Viktor, una para Sofía. —Aquí mandamos el imperio sin que Alexei entre corriendo —dijo ella con diversión y anticipación. Dimitri mostró el sótano, gimnasio, sala de juegos, cine privado. —Para noches de película con los niños. Salieron al jardín, nieve que cubre la entrada, separada en el camino, blanca mientras aún sigue cayendo, pero potencial para verano grande. Sofía caminó agarrando la mano de Viktor que camina a su lado. —Es esta, amor. La siento nuestra. Él la abrazó de nuevo. —Entonces es nuestra. Dimitri, cierra el trato. Dimitri sonrió complacido una vez más viendo a sus dos jefes contentos por la casa. —Hecho, jefe. De vuelta en el coche, Sofía con cabeza en hombro de Viktor. —Casa nueva, fundación empezando, niños creciendo... ¿qué más, mi amor? Ella le da un suave beso. —Más nosotros. Siempre. Y así se fueron de vuelta, en el viaje, los tres estaba planificando la mudanza, algún brindis o fiesta antes de despedirse del ático, hubieron cuentos, risas y recuerdos mientras que se acercaban de vuelta a casa. Al llegar, se bajaron del vehículo y Sofía se queda viendo a su alrededor en la ciudad, el edificio donde pasaron muchas cosas, y se quedan viendo el sol como si viera un nuevo futuro en aquella luz, y de lo que se espera.






