Mundo ficciónIniciar sesiónEl invierno en Moscú seguía firme, con nieve acumulada en los parques y el cielo gris que hacía que el ático se sintiera más acogedor. Nikolai ya tenía cinco meses, un bebé que ya rodaba por la alfombra y reía fuerte cada vez que Alexei le hacía caras. Alexei, con tres años recién cumplidos, era un torbellino de preguntas y energía, hablando cada vez más claro con su mezcla ruso y palabras costeñas.
Esa mañana, Viktor estaba en la sala de reuniones improvisada del ático con Dimitri, mirando planos en la laptop grande. Sofía entró con Nikolai en brazos, ya cambiado y satisfecho después del biberón, ella mirando con un brillo de curiosidad en sus ojos por los dibujos en la pantalla. —¿Qué tanto miran, ustedes dos? —preguntó, sentándose al lado de Viktor, acomodando al bebé en su regazo. Viktor le da un beso en la mejilla como costumbre, y desliza una mano por su vientre regordete que dejó el embarazo. —Casas, mi amor. Dimitri encontró tres opciones perfectas fuera de la ciudad. Grandes, con terreno, seguridad discreta, jardín para que Alexei corra y Nikolai crezca sin romper todo aquí. Dimitri giró la laptop. —Mira esta primera, jefa. Diez habitaciones, bosque privado, piscina cubierta, cerca del aeropuerto para que doña María vuele fácil. Y espacio para oficina, para que el imperio no pare. Sofía miró las fotos, Nikolai gorgoteando como aprobando. —Me gusta. El jardín grande para que mamá plante sus flores. Y cerca de la ciudad para no sentirnos aislados. Doña María salió de la cocina con café. —¡Casa nueva! ¡Sí! ¡Con cocina enorme para mis ollas! ¡Y cuarto para mí permanente! Alexei entró corriendo con sus piernitas llenas de energía y activadas. —¡Casa! ¡Grande! Todos se echaron a reír por las ocurrencias de Alexei, Viktor lo cargó y sentó en su regazo. —Sí, pequeño. Casa con jardín para que juegues fútbol con Nikolai cuando crezca. Sofía miró a Dimitri de reojo. —¿Y el tema de las sirvientas? ¿Hablaste con Irina y Olga? Dimitri sonrió complaciente. —Sí, jefa. Están esperando el llamado. Irina sobre todo. Dice que la extraña mucho... Preguntó por la pancita, por Alexei y por Nikolai. Sofía se emocionó un poco, recordando aquellas noches de dolores y atenciones importantes cuando Sofía aún sufría un poco bajo el mando de Viktor. —Irina era buena gente. Me caía bien, que te recordé que las había invitado al té y creía que me ibas a arrancar un brazo. Ella se ríe de buena gana sacudiendo la cabeza con diversión, Viktor también se echa a reír, ya le da vergüenza recordar ese momento y todo aquel oscuro pasado. —Para, mi amor, en ese entonces seguía siendo un cabrón, pues. Deberíamos olvidar todo eso, aún me avergüenza... Viktor se sintió como regañado y juguetea con el último botón de su traje como si fuera un niño nervioso o tímido mirando hacia el suelo, Sofía lo nota y no puede evitar sentirse un poquito culpable y se acerca a Viktor. —Ya, ya mi amor, shh, está bien, perdón ¿Sí? es solo que... a veces los recuerdos son bonitos en cierto sentido, nostálgicos también, ya el pasado pisado, ¿Okay? Sofía le da varios besos reparadores, cada uno pidiendo perdón, él no pudo evitar sonreír y ponerse algo emocional. Doña María intervino también tratando de levantar el ánimo y la emoción. —¡Bueno ¿Y qué estamos esperando? ¡Llámalas! ¡Con dos niños y abuela mandona, necesitamos ayuda! ¡Irina cocina bien ruso, combina con mis arepas! Viktor levanta la mirada y se queda viendo a Sofía. —¿Quieres que vuelvan? Ella lo mira aún culpable, pero llena de amor. —Amor, si tú quieres, yo también— susurró apenas, —Además, Irina se hizo cercana,.ya sabes, me escuchaba cuando... todo era complicado. La extraño un poquito. Dimitri sacó el móvil sin dudarlo y marcó un número. —Las llamo ahora. Irina va a llorar. El teléfono sonó apenas una vez y alguien contestó de inmediato, se escucharon gritos de alegría al otro lado, la voz de Irina emocionada escuchando los nuevos planes y promesas de volver pronto. En la tarde comenzaron a planificar de nuevo, mirando fotos de la casa elegida, imaginando habitaciones. —Cuarto de Alexei con pista de carros— dijo Sofía. —Y de Nikolai con móvil colombiano— agregó doña María. —Y oficina grande para que mandes desde casa cuando los niños duerman —dijo Viktor, besándole la mano con ternura. Alexei se subió al regazo de Sofía. —¡Mi cuarto! ¡Grande! Nikolai gorgoteó desde el moisés, como aprobando. Dimitri guardó la laptop cerrando la tapa con satisfacción. —Mañana visitamos la casa, ya todo está listo. Sofía miró alrededor del ático, con algo de nostalgia. —Este lugar vio muchas cosas de mí, de cuando aún me sentía esclava y dudosa, me convertí en esposa, el asalto con Alexei recién nacido y Viktor casi fallece, de uno a dos hijos... lo voy a extrañar. Viktor la abrazó, a ella se le aguaron los ojos un poquito llena de emoción. —Pero la nueva será mucho mejor. Más niños, más caos, más nosotros, y nuevos recuerdos qué tomar. Doña María levantó taza imaginaria con una gran sonrisa animada. —¡Por casa nueva y familia grande! Todos aprobaron y se abrazaron como un equipo de verdad, una familia completa, ahora lo que faltaba, era empezar a empacar las cosas de la casa para la mudanza y tener todo listo antes de ir a ver el nuevo hogar el día de mañana.






