Mundo ficciónIniciar sesiónEl sol ya se había escondido cuando el teléfono de Viktor vibró sobre la mesa del despacho.
Estaba solo, con la lámpara encendida y la mirada fija en el mapa digital que Dimitri le había enviado: coordenadas del almacén abandonado en Tel Aviv, rutas de vuelo posibles desde Moscú, nombres de contactos que podían moverse en Israel sin levantar sospechas. No había dormido bien la noche anterior. Sofía se había despertado dos veces con náuseas leves, y él se había quedado abrazándola hasta que volvió a caer rendida, con la mano de ella sobre la barriga y la suya encima, sintiendo cada patadita como un recordatorio de lo que estaba en juego. El mensaje era de Carl. "Misión cumplida, Elena dijo que sí." seguido de un mensaje un poco más largo y completo. "Ella aceptó sin condiciones, le dije que el médico recomendó cambio de aire por el embarazo. Que Nueva York sería perfecto para reposo y tranquilidad. No preguntó mucho. Solo dijo que sí, que confiaba en mí. Estamos dentro del plan. Decidido. ¿Cuándo salimos?” Viktor sintió que algo se le aflojaba en el pecho. Una sonrisa lenta, casi imperceptible, le cruzó la cara, sintió alivio por aquella comprensión de Kuzmin, de saber que, por primera vez, no estaba solo cargando con ese gran peso. Tecleó rápido, sin dudar. "Entendido. Me alegra que Elena esté de acuerdo. Dimitri ya está moviendo todo para Nueva York. La cabaña está lista, saldremos en cuatro días, tú, Elena y Misha vienen con nosotros. Sofía, los niños, Doña María, Irina y Olga también. Nadie más sabe la verdad. Solo excusa médica: reposo extremo para Sofía y Elena, aire puro, cero estrés. Ahora viene la parte difícil: Dimitri tiene que hablar con Ana. Ella será la única que sabrá la situación real. Es doctora, puede convencer a Sofía y Elena de que el viaje es estrictamente médico, así que contaremos con ella y con la pequeña Sofía que también Irán con nosotros. Te aviso cuando Dimitri tenga todo listo. Mantente alerta. No hagas movimientos raros hasta que estemos fuera.” Envió el mensaje y se recostó en la silla, mirando el techo. Carl respondió casi de inmediato. “Perfecto. Hablaré con Elena esta noche para afinar detalles. Gracias, Viktor, por incluirnos, por no dejarnos fuera.” Viktor sonrió más amplio esta vez. “No hay de qué. Somos familia ahora. Aunque sea por accidente. Y la familia se protege.” Dejó el teléfono y subió a la habitación. Sofía estaba sentada en la cama, con una manta sobre las piernas y un libro abierto que no leía. La luz de la lámpara le iluminaba el rostro cansado pero sereno, la barriga redonda destacando bajo el camisón blanco. Viktor se acercó, se sentó al borde de la cama y le tomó la mano. —¿Cómo estás, amada mía? Sofía sonrió débilmente pero llena de cariño al escuchar las lindas palabras de su esposo. —Mejor. Las náuseas están más tranquilas hoy. Ana dice que el pico ya pasó. Solo necesito seguir descansando. Viktor le besó los nudillos uno a uno. —Bien. Porque en cuatro días nos vamos de viaje. Nueva York. La cabaña en Catskills. Aire puro, para que tengas reposo total y sin estrés. Ana ya lo recomendó. Para ti y para el bebé, ¿Hmm? ¿Te gusta la idea? Sofía abrió los ojos de par en par como platos, pues esa había sido una sorpresa que no se esperaba. —¿Vacaciones? ¿Ahora? Viktor asintió, acariciándole la mejilla. —Ahora. Antes de que nazca la niña. Para que estés fuerte, para que los niños respiren aire limpio, para que Doña María descanse también, todos vamos a ir, quiero llevar a todos, a Dimitri, a Ana y la pequeña Sofía también. Será bueno incluso para Irina y Olga... Sofía lo miró un segundo largo, buscando algo en sus ojos. —¿Seguro que es solo por eso? ¿No hay nada más? Viktor le sostuvo la mirada, sin mentir del todo. —Es por eso. Y porque te quiero ver sonreír sin preocupaciones. Porque quiero verte descansar de verdad. Porque quiero que nuestra niña nazca sabiendo que su mamá estuvo tranquila y feliz. Sofía sintió que los ojos se le humedecían. —Ay... te amo, Viktor… aunque sé que escondes algo. Él sonríe complacido por las dudas asertivas de Sofía, pero quiso calmarla para no preocuparla y se inclinó y la besó suave, profundo. —Y yo a ti, reina mía. Siempre, confía en mí que todo va a estar bien. Sofía asintió, apoyando la cabeza en su pecho. —Confío. Siempre confío ti. Viktor la abrazó más fuerte, sintiendo el latido del bebé contra su palma. Y mientras la mansión dormía alrededor, él pensó en Krasnova Volkov. En la amenaza que aún no había golpeado. En la cabaña que los protegería. Y en la promesa que acababa de hacer. Todo iba a estar bien, él no pensaba fallar esta vez, no iba a involucrar a Sofía nunca más, se había prometido en protegerla para siempre. Mientras tanto, en el apartamento de Dimitri, él se quedó sentado en la silla mecedora del cuarto de la pequeña Sofía, con los brazos cruzados sobre el pecho y los ojos fijos en la cuna. La habitación estaba en penumbra, solo iluminada por la luz suave de una lámpara de noche con forma de estrella que proyectaba sombras danzantes en las paredes pintadas de azul claro. La bebé dormía profundamente, con la boquita entreabierta y los puñitos cerrados cerca de la cara, como si estuviera soñando con algo que la hacía sentir segura. Dimitri no podía dejar de mirarla. Cada vez que lo hacía, sentía esa mezcla de amor abrumador y posesividad que lo hacía apretar los dientes. —Mi princesita— murmuró bajito, como si decirlo en voz alta pudiera protegerla de todo lo que andaba mal en el mundo. El reloj marcaba las once de la noche. Ana había salido esa tarde a una guardia extra en el hospital, dejando a Dimitri a cargo de la niña. Él no se quejaba. Al contrario: esas noches solos eran su refugio. Pero esa noche, la mente no se le callaba. Krasnova Volkov. La bruja que había vuelto de las sombras. La extorsión al colegio. El plan de fingir vacaciones en Nueva York. Todo se arremolinaba en su cabeza como una tormenta que no paraba. Entonces oyó la puerta principal abrirse con un clic suave. Se enderezó en la silla, los músculos tensos por instinto como si estuviera apunto de combatir una pelea ahora mismo, trató de mantenerse sereno, escuchando los pasos ligeros en el pasillo y el aroma familiar a lavanda y desinfectante. Ana. Dimitri se levantó despacio, salió de la habitación de la bebé y cerró la puerta con cuidado. Bajó las escaleras en silencio y la encontró en la cocina, quitándose el abrigo y sirviéndose un vaso de agua. —¿Todo bien en el hospital?— preguntó él, voz baja para no despertar a la niña. Ana se giró, con una sonrisa cansada pero cálida. —Sí… un parto complicado, pero salió bien. La mamá y el bebé están perfectos. ¿Y tú? ¿Sofi durmió tranquila? Dimitri se acercó, le rodeó la cintura con los brazos y la besó en la sien. —Como un angelito. La mecí hasta que se durmió. Pero… necesito hablar contigo. Es importante. Ana levantó la vista, frunciendo el ceño al ver la seriedad en sus ojos. —¿Qué pasa, amor? Me estás asustando. Dimitri la llevó al sofá del salón, se sentó con ella y le tomó las manos. Respiró hondo una vez, dos veces, y empezó a contarle todo, desde el principio. —Todo empezó con una anciana que pasó por el jardín de la mansión Ivanov. Se acercó a la reja. Habló con Sofía, todo parecía casual, inocente, todo iba bien, pero Olga la vio desde la cocina. Y recordó su cara... Dimitri hizo una pausa, pues no sabía como Ana iba a tomar sus próximas palabras. —...Es Krasnova Volkov. La abuela de Anastasia Volkov. La madre del hombre que secuestró a Sofía hace años, cuando estaba embarazada de Alexei. Viktor había eliminado a Volkov y a Anastasia. Krasnova... ella se enteró después, y desapareció de la faz, y ahora parece que quiere saldar cuentas. Construyó un imperio desde las sombras en Israel. Y ahora… ahora está aquí. En Moscú. Cerca de nosotros, ya nos lanzó el ojo... Ana se quedó quieta, los ojos muy abiertos recordando el nombre en revistas de hace años. —Krasnova Volkov… la he oído en rumores. Dicen que tiene contactos que ni la FSB puede tocar. ¿Por qué ahora? ¿Por qué Sofía? Dimitri apretó sus manos. —Venganza, es lo que suponemos, es lo más lógico, por lo que le hicieron a su hijo, por su nieta, Viktor la mató. Y ahora Krasnova sabe que Sofía está embarazada, sabe de la existencia de esa casa, sabe de los niños, seguramente hasta del gato, de toda la mansión, quien sabe desde cuando. Y hay más: la extorsión al colegio RUBCOL, ha habido amenazas, notas dejadas en la entrada, llamadas sin nombres. Querían dinero para ‘protección’. Pero no es casualidad. Es ella, Krasnova, o sus hombres, quieren frenar lo que Viktor y Carl están construyendo. Quieren golpear donde más duele, y si no pagan… amenazaron con quemarlo todo. Con ir por las familias. Ana sintió que el pulso se le aceleraba, que la presión le iba a estallar en los oídos al escuchar tanta información en un solo momento. —¿Y qué van a hacer? ¿Llamar a la policía? Dimitri negó con la cabeza. —No, no podemos involucrarnos con la policía, no. Eso atrae más atención, vamos a tener que fingir, pensamos en unas vacaciones a Nueva York. La cabaña de Viktor en Catskills. Nadie sabe que la tiene. Nadie la tiene registrada a su nombre, iríamos todos: Sofía, los niños, Doña María, Irina y Olga, tú y la bebé... Les decimos que es por el embarazo de Sofía, que es por reposo extremo, un nuevo aire por ahora, nada de estrés. Mientras tanto… nosotros nos quedamos. Viktor, Carl y yo. Y mis contactos, cuando encontremos a ese monstruo, la destruiremos... Ana se levantó de golpe, soltándose de sus manos. —¿Quedarte? ¿Otra vez? ¿Y yo? ¿Y Sofía? ¿Y la pequeña Sofía? ¿Y si algo sale mal? ¿Y si te pasa algo? Dimitri… te secuestraron una vez, ya no quiero que vuelva a pasarte eso, me hiciste sufrir al saber que no estabas y ahora… quieres quedarte a pelear mientras yo me voy con la niña? No. No lo acepto. Dimitri se levantó también, la tomó por los hombros con cuidado. —Escúchame, Ana. No es como antes. No es un contenedor oscuro. No es solo yo contra el mundo, esta vez es diferente, Viktor está conmigo. Carl también, mis colegas con más anticipación. Tenemos un plan bien estructurado, tenemos la ventaja. Y tú eres la clave ahora, eres la doctora... Ana interrumpe con un leve sollozo de angustia, era algo del que ella ya no quería participar, tenía miedo, mucho miedo, pero Dimitri se obligó a continuar aunque le costara mucho. —Tú tienes que convencer a Sofía y a Elena de que el viaje es estrictamente médico. Que es por su salud, por el bebé, para más calma y reposo, tú y la pequeña Sofía van con ellas. Estarán seguras, lejos del peligro, protegidas. Y yo... volveré, iré por ti cuando todo termine, siempre vuelvo porque sé que tú me esperas, porque mi hija me espera y porque sin ustedes no soy nada. Ana lo miró con los ojos llenos de lágrimas, pero no de debilidad, sino de rabia, amor y miedo mezclados en un cóctel de emociones. —Me aterra perderte, Dimitri. Me aterra que vuelvas a desaparecer. Como cuando te secuestraron antes de la boda. Como cuando pensé que no ibas a volver. Dimitri la abrazó fuerte, enterrando la cara en su cabello inhalando su olor a champú y perfume de lavanda. —No va a pasar. Esta vez no. Viktor y yo sabemos qué hacer. Carl está decidido. Y Krasnova… esa bruja no sabe que la vimos venir. No sabe que ya la estamos cazando y vamos a ganar, te lo juro. Ana se apartó un poco, mirándolo fijo. —Júramelo con un beso. Dimitri no dudó. La besó intenso, profundo, con esa hambre que siempre tenía por ella, las manos en su nuca, en su espalda, pegándola contra él como si quisiera fundirse en su piel. —Te lo juro— murmuró contra su boca. —Volveré entero, siempre volveré a ti, siempre. Ana jadeó, temblando contra él. —Está bien... Lo haré, convenceré a Sofía y a Elena. Pero tú volverás, o sino voy por ti yo misma. Dimitri sonrió contra sus labios. —Esa es mi reina, fuerte, valiente y mía. Se besaron otra vez, más lento, más profundo, hasta que la pequeña Sofía lloró desde la habitación. Ana se apartó, con las mejillas coloradas. —Voy con ella. Dimitri la miró un segundo más. —Te amo, Ana. Más que nada. Ella sonrió, débil pero real. —Y yo a ti, mi amor, te amo y siempre te amaré. Dimitri se quedó solo en el salón, mirando por la ventana hacia la oscuridad. El plan estaba en marcha, toma su teléfono y de inmediato le escribe un mensaje a Viktor tecleando rápidamente: "Funcionó. el plan va por el buen camino, todo va como lo planeamos, Ana le dirá a las chicas que lo de tomar vacaciones será crucial." Viktor, que estaba en su oficina, esa era el mensaje que estaba esperando, con un leve suspiro suelta el peso de sus hombros. Ahora debía hablar en el colegio, con la rectora, y decirle parte de lo que estaba pasando, para que Alexei y Misha pudieran irse con los demás, aunque va a causar un poco de problemas con los estudios de los niños, pero podría negociarse con tareas vacacionales o algo así, igual le toca convencer al colegio para no involucrar a más nadie.






