108: Un golpe mas.
Desperté con la garganta seca y un zumbido constante en los oídos. No sabía cuánto tiempo había pasado desde… aquello.
El techo era blanco, demasiado blanco, y la luz que entraba por la ventana me lastimaba los ojos. Intenté moverme, pero algo tiró de mi brazo. Miré hacia un costado: una aguja clavada en mi piel, un suero, y una venda que sujetaba la vía.
Había dos mujeres con uniforme blanco en la habitación. Una estaba revisando una bandeja metálica; la otra tomaba notas sin mirarme. No me di