119: Te Necesito a mi lado.
Los meses pasaron lentos y jodidamente dolorosos.
Mi recuperación fue un infierno… lento, insoportable, humillante. Cada día era igual: dolor, dependencia, rabia. Y ella. Siempre ella.
—Lárgate, Ginevra —le decía casi todas las mañanas.
Mi voz salía fría, cargada de veneno.
Ella solo me respondía con un:
—No me voy a ir.
Y seguía ahí, arreglándome la habitación, cambiando las vendas, trayéndome agua, cuidando a los niños. No importaba cuántas veces la echara, cuántas veces le gritara o la ignor