Mundo de ficçãoIniciar sessãoRomance, traición, engaños, contratos de matrimonio, sujetos mafiosos y tipos malévolos. Jacqueline Monroe se enamorará muchas veces pero deberá lidiar contra toda suerte de amores buenos y malos que la ilusionarán pero también la atormentarán sumiéndola en peligro y emociones. Ella es una cotizada modelo y es súper millonaria, pero tiene extrema debilidad por los hombres. Jacky es considerada la mujer más bella del mundo, dedicada al modelaje, la publicidad y las pasarelas, así ella logrará convertirse en una mujer exitosa y acaudalada, sin embargo Jacqueline se sentirá infeliz en el amor, pues no encontrará a su pareja ideal. En esa búsqueda por el hombre de su vida, Jacky se enredará en un sin fin de aventuras sentimentales, ¡¡¡se casará diez veces!!! en su afán de encontrar la felicidad, conocerá a sujetos de diferente calaña, oportunistas, malvados, soñadores, incautos y aprovechadores, sostendrá peligrosas emociones, pondrá su vida en riesgo, rivalizará contra poderosos enemigos y deberá sortear un sin fin de líos y pasiones tratando de conocer, al fin, la dicha y al hombre perfecto que tato anhela y desea, y a todos les exigirá, previamente, un contrato de matrimonio que ponga a salvo su fortuna. Jacky se casará diez veces a lo largo de su azarosa vida romántica, tratando de hallar al hombre que la haga feliz con el que tanto había soñado y anhelado. Conocerá deportistas, actores consagrados, políticos, empresarios ruines y despiadados, mafiosos, reyes y por supuesto malandrines queriendo aprovecharse de ella. Como Jacqueline siempre dice, no busca un récord mundial casándose tantas veces, sino encontrar la felicidad en brazos de un hombre que la ame de verdad. ¿Lo encontrará?
Ler mais- ¡¡Vas a morir Jacky!!-
Ronald tenía los ojos incendiados en furia, estaba hecho un energúmeno y jadeaba en forma intensa, igual a un rinoceronte acorralado, queriendo embestirme indignado y furioso. Echaba humo de las narices y vi sus manos volviéndose dos enormes martillos con los que amenazaba con aporrearme hasta acabar conmigo. Yo estaba aterrada, petrificada, pasmada y turbada a la vez, sin reacción, mi corazón rebotaba frenético en mi busto y sentía mis tobillos doblándose como alambres, no tenía escape tampoco. ¡¡¡Ronald me iba a matar!!! Desperté angustiada y lo único que pude hacer fue gritar con todas mis fuerzas, aterrada y sumida en el pánico. Sudaba a borbotones y mi corazón no dejaba de bombear de prisa, alocado y desenfrenado. Un frío horrible congelaba mi sangre y de repente me puse a llorar con todas mis fuerzas, sabiendo que mi vida estaba en eterno peligro. La pesadilla se repitió muchas noches seguidas. Mi relación con Ronald había sido tumultuosa, difícil, áspera y en eterno peligro por el carácter explosivo, irascible y violento de ese hombre, pero lo que yo no sabía no podía saberlo entonces es que ese iba a hacer una impronta indeleble en mi azorada existencia. Me casé diez veces, tuve diez maridos en mi afán de buscar la felicidad, hallar al amor de mi vida, empero siempre estaba la furia de Ronald presente en mi mente, en mis pensamientos, en mis sueños y pesadillas. Él aparecía en forma sempiterna con esa mirada macaba, la risa horripilante y tétrica, el rostro adusto, ajado y pintado de ira que me hacía temer en la vida, el amor y en mí misma. ¿Acaso enamorarse es tan peligroso?, me preguntaba viendo el silencio de la mañana, recién despertando en la ciudad, ensimismada de ese celeste límpido del cielo y las nubes de algodón adornando el infinito. No lo sé, sim embargo no solo fue Ronald quien me provocó un trauma y un permanente miedo, también Holiday o Hubert. Mi vida se tornó entonces un un vaivén de peligros, al borde del abismo, arriesgando mi propia existencia. -Amar es saber elegir-, me decía siempre mi amiga Helen. Ella tenía razón. Yo elegí mal, me dejé llevar por emociones difusas, por sentimientos encontrados , por mi sensibilidad a flor de piel y porque siempre ansié encontrar un cariño genuino y auténtico para compartir mi existencia.*****
Una vez, en una feria que había llegado a la ciudad, me dio curiosidad una adivina que atendía al público en una covacha elegante, adornada de flores y collares. Ella sostenía un naipe de cartas en las mano y me miraba sonriente y divertida.
-¿Quiere saber su futuro, preciosa?-, me preguntó riéndose de mi curiosidad. En realidad yo no quería saber sobre lo que me esperaba en la vida, simplemente deseaba saber si podría encontrar el amor. Esa era mi obstinación. Yo era muy romántica, me encantaban las baladas y los poemas, soñaba con galanes del cine y del jet y ansiaba vivir muy feliz en una casa grande con jardín y cochera. -¿Qué me espera en el amor?-, le pregunté abanicando mis ojitos, sonriéndole también coqueta. La mujer me miró sin dejar esa extraña risa que parecía dibujada en sus labios. Ni siquiera barajó el naipe ni vio mis manos ni invocó a nadie o apeló a una bola de cristal -Conocerás muchos hombres pero jamás encontrarás el amor, sin embargo serás feliz-, fue exactamente lo que me dijo ella. ¿Uh? quedé desconcertada. -¿Cómo sabe?-, le pregunté pero ella no me contestó. .-Tendrás que creer en ti, preciosa, el destino está en lo que hagas-, me respondió. Dejé la feria aquella sumida en muchas dudas, dubitativa, trastabillando y ahora envuelta en la incertidumbre de lo que me esperaba. Pero esa mujer no se equivocó.*****
-¿Acaso no eres feliz, Jacqueline?-, me preguntó Ralph después que hicimos el amor en forma intensa. Él había conquistado por centésima vez mis curvas, mis sinuosas carreteras, mis acantilados tan eróticos y sensuales y me había llevado al delirio con sus besos y caricias. Yo aún estaba sofocada, incendiada en llamas, encharcada en sudor, abanicando entusiasmada mis ojos, jadeando y suspirando por tan maravillosa faena, metida entre sus brazos después de haber sido suya.
Yo permanecía prendada aún, eclipsada y obnubilada de aquella excitante velada ardiendo en candela con los besos y caricias de mi amante. De Ralph me encantaba su vehemencia, su ímpetu y sus afanes desmedidos por poseerme. Él era insaciable en realidad y no se conformaba con dejar huella en mi piel lozana sino conquistar hasta el último rincón de mi adorable naturaleza. Ralph quería ser el único dueño, incluso de mi alma y de mis pensamientos, y convertirse en una impronta indeleble y eterno en mis pensamientos., Yo era la que no estaba segura de mis sentimientos por él, y pensaba si todo, al final, era un capricho o un devaneo más de mi azarosa existencia. -¿Qué es la felicidad?-, intenté recuperar el aliento en tanto trataba de desacelerar mi corazón hecho un potro salvaje rebotando en las paredes de mi busto. -Felicidad es amar, tener un hogar, compartir la dicha con otra persona-, me aclaró Ralph. Él también tenía el rostro sudado y echaba humo de las narices. Sus entrañas, igualmente, estaban calcinadas de tanta pasión porque finalmente los dos nos habíamos entregado plenamente en la emoción de las carnes desnudas, igual si fuéramos lobos hambrientos. Quedé en silencio, pensativa con lo que me dijo él. Yo me sentía feliz con Ralph, empero había sufrido tantas decepciones, dolores intensos, desencantos y al final no conocía realmente lo que era la felicidad. Pensaba, además, que eclipsarme y obnubilarme en los brazos de Ralph era suficiente y que había encontrado la dicha en sus besos y caricias. -Entonces soy feliz contigo-, estiré una risita larga, coqueta y pícara. -Es que tú no lo entiendes, Jacqueline, no se trata de sobrevivir sino de vivir intensamente, lo que tú haces únicamente es tratar de estar a flote, no naufragar. Debes aprender a amar, compartir y querer-, me dijo él, besando acaramelado mis labios. ¿Entonces fui náufraga en la búsqueda de la felicidad, en querer encontrar un hombre diferente que me quiera tal como soy, que no se aproveche de mí, que me respete y poder compartir una vida, juntos? Él me había quitado la venda de los ojos. Ralph, al final, también fue una decepción para mí. No fue lo que yo esperaba en un hombre, sin embargo, me dejó esa pregunta campaneando en mi cabeza rebotando en mis sesos como trenos y relámpagos machacándome en remordimientos y en dudas. Él tenía razón, en todo caso, de que yo no sabía realmente lo que quería. Descubrí entonces que mi vida era una vorágine de de emociones no provocadas, sentimientos dispersos, pasiones soterradas que me eran difíciles desenterrar y dudas y cavilaciones que finalmente me condujeron a lo que realmente era yo: una mujer que no sabía lo que quería. ¡¡¡Tuve diez maridos!!!Cuando Donald invadió mis profundidades, hecho una locomotora avanzando a todo vapor hacia lo más profundo de mi ser, grité estremecida y hundí mis uñas en su espalda, aferrándome a él enloquecida de tanta emoción y pasión que me desbordaba. No podía contenerme, en realidad, porque estaba eufórica y fuera de mis cabales, incluso le abrí surcos a Donald en sus músculos y garabateé su cuerpo con mis uñas enormes, dejándome llevar por el descontrol del momento, sintiendo su virilidad avanzando sin frenos hacia lo más lejano de mis profundidades, deslizándose a parajes que yo ni siquiera conocía y que me producían más y más placer y nuevas y delirantes descargas eléctricas remeciendo hasta el último átomo de mi deliciosa anatomía. Donald estaba iracundo, porfiado y afanoso, ya les digo, porque yo derrochaba sensualidad por doquier, chillaba de gusto, sollozaba y me mostraba súper provocativa y sensual, dejando desbordar mi feminidad y eso lo había vuelto un lobo hambriento a Ambr
Ambroise también se reconoció como mi fan. -Tengo muchas revistas con tus fotos, videos grabados en mi ordenador, posters tuyos en mi estudio, cuadros gigantes colgados en mis paredes para admirar tu belleza-, me reveló. -Oh, pero la juventud se acabó, ahora soy una mujer madura ya no la jovencita de esos posters y cuadros-, acepté hidalgamente. A él le encantó mi detalle coqueto. -Pero en la actualidad estás más hermosa que nunca, el doble de interesante-, fue él demasiado galante. Por supuesto a mis hijos no les gustaba en absoluto Ambroise cuando se lo presenté. Donald había ido a almorzar a la casa y se mostró bastante cordial y sugerente conmigo. Brenda y Jeremy estaban fastidiados, molestos y celosos de ese tipo. Mis hijos ya sumaban veinte años, estaban en la universidad, manejaban varias cuentas de mi consorcio y se encontraban, ya preparador para la vida. Cuando serví limonada fresca, Brenda me dijo que Ambroise era un aprovechador y un mujeriego empedernido. -Se
Comimos helado en el duty free del aeropuerto. Ambroise era encantador aunque, ya les digo, no tanto como lo había sido Roger, igual yo estaba admirada y encandilada de él. Las chicas que atendían no dejaban de mirarlo, igual que las otras comensales que departían en ese ambiente habitual del terminal aéreo. Esos celos que sentía por la competencia para acaparar a Donald, me animaba, me volvía terca y me obstinaba por él. -Las mujeres te persiguen-, le dije de frente, disfrutando de mi helado de vainilla. Me encanta la vainilla. -He sido beneficiado por la suerte, pues, je je je-, sonrió él divertido. Me gustó su risa amplia, muy blanca y cautivante. Empecé a golpear mis rodillas afanosa. Mis pechos se inflaron igual a globos y se tornaron de repente en piedras. Había mucho fuego en mis entrañas, además. -Te gusta, entonces, que las mujeres te persigan-, estaba yo demasiado encandilada con los ojos de Ambroise. -No te voy a mentir, me encanta que me deseen je je je-, sonr
A Ambroise lo conocí en el aeropuerto. Fui hacer una inspección inopinada a mi línea aérea. En las redes sociales había encontrado algunas quejas de malas atenciones de mi personal y a mí me gusta que mis empresas y mis negocios tengan una atención de primerísima calidad con el público. Entonces hice una visita sorpresa a las instalaciones de mi empresa aérea. Me detuve en el counter, en la sección de equipajes, la venta de pasajes, pasé revista a los pilotos, al personal administrativo y a las azafatas y conversé con los pasajeros, sin embargo no encontré nada malo, al contrario todo era cordial y perfecto como a mí me gusta. El público estaba muy satisfecho con el servicio que brindábamos. -Puro bla bla bla de la gente-, reí con el gerente de la línea aérea Monroe, contenta de que todo estuviera súper bien. -Cualquier inconveniente que tuviéramos usted sería la primera en enterarse, señora Monroe, es la política que usted ha dispuesto en todas sus empresas-, me recordó e
Último capítulo