120: Contigo soy feliz. Fin.
Habían pasado dos años.
Enzo y Luca ya tenían tres, y la nueva casa estaba llena de sus risas. El jardín era enorme, más grande de lo que cualquiera de nosotros imaginó, y los dos corrían por ahí como si el mundo entero fuera suyo.
Ginevra y yo estábamos sentados en la mesa del jardín, observándolos mientras el sol bañaba todo con una luz cálida. Ella me miró y sonrió… y esa sonrisa me golpeó directo en el pecho. Después de todo lo que habíamos vivido, verla así —feliz, tranquila, completa— e