109:Los muertos vuelven de su tumba.
El silencio se hizo insoportable. Las enfermeras iban y venían, sin decir palabra, moviéndose con precisión mecánica.
Las observé con cuidado. Una era joven, de cabello recogido y mirada temerosa. La otra, mayor, tenía un rostro severo, acostumbrado a obedecer órdenes sin preguntar. Sus ojos evitaban los míos, pero sabía que me observaban, que vigilaban cada movimiento.
Esperé.
Paciencia, respiración lenta, como si siguiera débil.
Cuando salieron de la habitación, supe que era el momento.
Arran