117: Lucharé por ti.
Nunca imaginé que un día iba a estar forcejeando con Fabien, rogándole como si mi vida dependiera de ello. Sus dedos me apretaban el brazo con una fuerza que no parecía humana, como si pudiera quebrarme con solo decidirlo.
—¡Déjeme estar con su hijo! —le dije, casi sin aire—. ¡Lo amo, Fabien, lo amo!
Él no respondió. Solo me sostuvo con esa expresión de hierro que siempre odió en los demás y cultivó en sí mismo. Me frustré, me desesperé, tiré de mi brazo intentando liberarme, pero fue inúti