Sandro
El día se arrastra con la pesadez de un cielo sin viento. Los números desfilan en la pantalla, las reuniones se suceden, pero no estoy realmente allí. Mi mente vaga entre el vapor de la ducha de esta mañana y la risa de Alba en la cocina. Esta imagen dulce me persigue como una respiración que no quiero dejar atrás.
Creí, por un instante, que finalmente habíamos encontrado nuestro equilibrio.
Error.
Tres golpes secos suenan en la puerta.
— ¡Entren! —digo sin levantar la vista.
La puer