SANAA
He perdido la noción del tiempo.
Ni de las horas, ni de los límites.
En el espacio entre nuestras pieles.
Estamos pegados. Atados. Sin aliento y hambrientos.
Estoy tumbada sobre él, la mejilla apoyada en su torso aún húmedo de nuestra última tormenta.
Su olor me envuelve, mezcla de sudor, piel, sexo y noche.
Sus dedos dibujan círculos en mi cadera, gestos lentos, casi ausentes.
Pero su sexo, él, reposa contra mi muslo, todavía duro, vivo, palpitante.
Debería dormirme, hundirme en ese sopo