Lucas
— Amina… aléjate murmuré, con la voz tensa, casi estrangulada.
Siento cada fibra de mi cuerpo gritar al mismo tiempo para acercarme a ella y para apartarla. Sus piernas están a unos centímetros de las mías, su perfume flota en el aire, su camiseta ajustada dibuja la curva de sus pechos, y soy incapaz de pensar con claridad.
Amina
Arqueo una ceja, fingiendo inocencia, pero mi corazón late demasiado rápido.
— ¿Por qué? —pregunté suavemente, con voz dulce, como si no entendiera el problema.