SANAA
Estoy ardiendo. Y no de ese fuego que calienta suavemente. No. Del que raspa la garganta, del que hace temblar las manos, del que quema bajo la piel sin tregua.
La formación terminó en un silencio tenso, casi hostil. No cruzó mi mirada ni una sola vez. Ni una palabra personal. Solo sus gráficos, sus proyecciones, sus malditos indicadores de rendimiento.
Me está castigando.
Lo siento en cada segundo en que me ignora con método, en cada silencio que tiende como una trampa entre nosotros. Me