Alba
Las ruedas del coche chirrían suavemente sobre el camino de grava. La finca se extiende ante nosotros, vasta y silenciosa bajo la fría luz del final del día. Sandro entrelaza su mano con la mía, calor contra calor, un contacto reconfortante tras la tensión del puerto. — Casi en casa, murmura.
Las grandes puertas de madera se abren antes de que hayamos bajado. Un empleado con uniforme impecablemente planchado se apresura, toma mi bolso y lo levanta con un gesto casi ceremonial. Siento que m