Alba
El papel quemado aún flota en mi garganta.
Me he lavado las manos tres veces. Agua caliente. Fría. Frotamiento hasta la abrasión.
El jabón hacía espuma roja.
Pero sé lo que he tocado.
Y no es culpa.
Es más sucio.
Más profundo.
Más definitivo.
Salgo del hotel antes del amanecer.
Sin mirar atrás. Sin equipaje. Solo lo que llevo puesto. Y esta memoria USB, deslizada en el forro de mi chaqueta.
Mis dedos reconocieron el lugar a ciegas. Reflejo de antigua policía.
¿Doble del mensaje? ¿Pru