Alba
Veo la tormenta en sus ojos.
Y me alimento de ella.
Él ya no habla.
Respira fuerte. Sus fosas nasales palpitan. Su mandíbula se contrae.
Y yo, me quedo inmóvil. Con una calma implacable.
Está tenso como una bestia acorralada, incapaz de elegir entre atacar o huir. Sus gestos están apenas contenidos, su piel vibra, como si fuera a desgarrarme para liberarse de lo que lo encadena. Yo.
Sus manos aún me buscan, pero esta vez, las esquivo, sin brutalidad, con una lentitud calculada, como una bo