Sandro
Bajé sin ruido, deslizándome en la penumbra como una sombra perseguida por sus propios demonios. Cada paso es una lucha entre la urgencia y la contención, entre este deseo visceral de encontrarla y el miedo que aprieta mi garganta con mano de hierro.
La casa es extrañamente silenciosa, un silencio pesado, casi palpable, que parece contener la respiración. Parece que espera que rompamos este frágil equilibrio, que exploten esta tensión sorda que habita en cada rincón.
Sé dónde está.
Lo si