La noche no trajo descanso a Iron River. Tras la partida de Perla, el aire en la habitación de Clara se sentía impregnado de una verdad eléctrica y peligrosa. Joe, con las manos temblorosas y el corazón martilleando contra sus costillas, salió al porche para buscar una señal de telefonía lo suficientemente estable. Necesitaba hablar con su abuelo. Necesitaba advertirle que el hombre que dormía bajo su mismo techo en Nueva York no era solo un pariente resentido, sino un arquitecto del caos.
—¿Jo