El ambiente en Iron River se había vuelto denso, cargado de un olor a antiséptico y a esa humedad opresiva que precede a las tormentas de verano. Habían pasado dos días desde que Clara fuera instalada en la habitación de invitados, transformada ahora en una unidad de cuidados intensivos improvisada. El doctor Díaz no se había apartado de su lado más que para lo estrictamente necesario, monitoreando cada fluctuación en sus signos vitales con una mezcla de profesionalismo y una preocupación que n