El rugido del motor del deportivo de Arthur no se detuvo hasta que los neumáticos chirriaron frente a la imponente casona de Roberto, a las afueras de Nueva York. La estructura de piedra y hierro forjado, que normalmente proyectaba una imagen de solidez y tradición, parecía hoy una prisión de secretos. Arthur descendió del vehículo con los movimientos erráticos de un hombre que ha perdido el norte, pero que ha encontrado un nuevo combustible para su odio: una supuesta verdad que creía irrefutab