Mundo ficciónIniciar sesiónAnnie Martin, es una asistente modelo que guarda un amor prohibido por su jefe, el multimillonario Thomas Miller, quién además está comprometido con su prima Alice. Thomas, es un hombre fuerte en los negocios y fiel en el amor. Pero, su mundo se derrumba cuando descubre que su prometida solo lo considera una transacción financiera. Herido y decidido a vengarse, arrastra a Annie en un acuerdo. Lo que comenzó como parte de una venganza y un contrato se transforma en un Amor Extra Grande, capaz de llevarlos a enfrentar los juicios sociales y vivir la intensidad de un amor sin medidas. Una historia de curvy narrada por una curvy que celebra los sentimientos reales, esos que no caben en moldes.
Leer másLa puerta de la oficina se abrió de golpe, tan fuerte que rebotó contra la pared. Thomas irrumpió enardecido en su despacho. Tenía el rostro enrojecido y bufaba de la rabia.
Jimmy levantó la vista de inmediato tras escuchar el golpe. Estaba sentado en su silla, terminando el diseño de los planos que presentaría esa misma tarde ante los socios de Miller&constrution. Se incorporó dejando el lápiz de grafito sobre la mesa de trabajo. —¿Qué demonios te pasa? —preguntó, cruzándose de brazos. Thomas guardó silencio y caminó de un lado a otro de la oficina. Se pasó la mano por el cabello y exhaló con brusquedad. —Acabo de escuchar su maldita conversación —dijo por fin. Jimmy frunció el ceño y rodeó la mesa, acercándose a él. —¿De quién estás hablando? Thomas alzó la mirada. Sus ojos se veían más grises de lo normal, lo cual era el reflejo de la ira que estaba sintiendo. —Fui a la oficina de Annie a pedirle unos informes. —Hizo una pausa breve sólo para tomar aire—. Cuando iba a abrir la puerta, escuché la voz de Alice. —¿Alice? —cuestionó, entrecerrando los ojos—. ¿No me habías dicho que estaba de viaje? —Sí. —asintió Thomas—. Estaba hablando por videollamada con Annie. Apoyó ambas manos sobre el escritorio, bajó la cabeza unos segundos. Alzó la mirada y dejó escapar una risa breve cargada de sarcasmo. —¿A qué no adivinas que le dijo? Jimmy se encogió de hombros. No tenía idea de que pudo haber escuchado su socio para estar tan enojado. —Le ha dicho a Annie que su boda conmigo no era sino una transacción financiera. El pelinegro, acarició su barba, sorprendido. —Dijo que “casándose con el tonto de Thom aseguraría su futuro” —escupió—. Se ha estado burlando de mí, joder. —¿Y qué hiciste? —¡Nada! —replicó—. Me quedé escuchando como un imbécil y viendo como Annie me defendía de ella. Jimmy ladeó la cabeza. —¿La gorda? —preguntó sonriendo. —Annie —corrigió—. No vuelvas a referirte así de ella. Jimmy alzó las manos en señal de paz. —Está bien, está bien. Pero… ¿qué piensas hacer? Thomas se dirigió hacia la pared de vidrio, miró la ciudad que se tendía frente a sus ojos, pensativo. Finalmente habló: —No voy a permitir que Alice se siga burlando de mí —dijo sin mirarlo. —¿Piensas confrontarla? El pelirrubio suspiró hondo antes de voltearse hacia él. —No todavía. —dijo con firmeza—. No voy a darle ese gusto. —Entonces… ¿Qué piensas hacer? —Todavía no lo sé. —respondió con hostilidad. —No pensarás acabar con el compromiso… ¿o sí? —¡No! —gruñó—. Eso sería demasiado sencillo. Quiero que Alice tenga que suplicarme y pedirme que me case con ella. Quiero verla rendida a mis pies. Thomas respiró hondo. Miró su reloj de pulsera. —Ya va a ser la hora del almuerzo, —dijo tomando la chaqueta de espaldar de su sillón—. Vamos por un trago. No me apetece comer nada en este momento. —Pues yo sí que tengo hambre. Me comería hasta un tigre. El pelirrubio negó con su cabeza. Salieron de la oficina y se dirigieron al restaurante que quedaba a una cuadra de la empresa. Mientras Jimmy conversaba entusiasmado sobre su proyecto, Thomas no podía dejar de pensar en aquella conversación. En la manera despectiva y burlona con la que su prometida se refería a él, pero sobre todo en como Annie lo defendía: “No deberías expresarte así de él. Thomas te ama, es un hombre muy inteligente y sería capaz de todo por ti”. Thomas cerró los ojos un instante. Le costaba creer que todo aquello fuera verdad. Su prometida, la mujer que amaba, con la que iba a casarse, lo estaba usando. Si él mismo no hubiese escuchado con sus propios oídos aquella conversación, lo dudaría. Pero no. Había oído y visto perfectamente la escena desde la puerta. Annie estaba sentada en la silla, frente a su escritorio, de espaldas a él. Sostenía su móvil en la mano, y en la pantalla, aunque no alcanzaba a verla por completo, ya que su robusta asistente, le tapaba la visibilidad, estaba Alice. Su voz aguda y fría, la manera en que se expresaba de él. No había la menor duda de que era ella. Acababa de oír de sus propios labios –sin querer– lo, que estaba sucediendo a sus espaldas, o mejor dicho, frente a sus propias narices. Conclusión: Alice no lo amaba y eso dolía. Pero entonces… las cartas, los poemas, los aniversarios, las frases dichas al oído. ¿Había sido todo una mentira? —Llegamos —dijo Jimmy sosteniendo la puerta y sacando a Thomas de aquel momento de profunda introspección. Apenas ingresaron al restaurante, Thomas miró a la mujer sentada al final del pasillo, de espalda a la puerta. No tardó en reconocer que se trataba de ella. De Annie, su asistente.El cansancio del día terminó por vencerme. Sin darme cuenta, me quedé dormida con la televisión encendida,. No sé cuánto tiempo pasó, pero en plena madrugada, abrí los ojos. El resplandor de la luz de la pantalla seguía encendida me pegó e los ojos. Parpadeé un par de veces, desorientada, hasta que me incorporé lentamente y tomé el control para apagarla. La oscuridad invadió la habitación de inmediato, dejándome sola con mis pensamientos.Suspiré ansiosa. Miré hacia la mesa de noche, tomé el teléfono. Ya estaba cargado. No sabía exactamente por qué sentía la necesidad de revisarlo. Era como si algo en mi interior me impulsara a hacerlo. Tal vez, en el fondo esperaba encontrar algún mensaje de Thomas. Lo encendí con lentitud. Apenas se encendió la pantalla, aparecieron las notificaciones. Mi corazón dio un salto dentro de mi pecho. Ahí estaba… tenía un mensaje suyo. Lo abrí con manos temblorosas. Solo había una frase:“¡Qué fácil fue sacarme de tu vida!”Sentí cómo algo se rom
POV de Annie Finalmente, cuando Anthony se fue, mi madre y yo quedamos a solas. Ambas sabíamos lo que aquello significaba, podríamos mostrar sin inhibiciones nuestros sentimientos. Me abrazó en silencio, intentando contener la una a la otra para no derrumbarnos. Aquello significaba un nuevo comienzo para ambas. Sí. Pero nunca ha sido fácil dejar atrás el pasado. Mucho menos cuando ese pasado ha estado lleno de dolor, de pérdidas y de recuerdos que aún siguen vivos.—Iré a descansar un poco —murmuró. Yo asentí lentamente. Subimos las escaleras una detrás de la otra. Ella observaba desde lo alto lo increíble que se veía todo desde allí. Cada una tomó su habitación.Me senté en el borde de la cama y observé en silencio aquel hermoso lugar, mientras pensaba en lo rápido que todo avanzaba, sentí como si estuviera siendo arrastrada a un presente en el que aún no deseas estar. Porque aunque lo neguemos, es en el pasado donde nos sentimos cómodos. En él no hay incertidumbre, ni mi
A la mañana siguiente, el sol apenas comenzaba a asomarse cuando el camión de la mudanza llegó frente a la casa.Annie ya estaba despierta. Había pasado la noche organizando lo poco que tenían, seleccionando cuidadosamente aquello que realmente necesitaban llevar. No era mucho lo que poseían, pero cada objeto tenía una historia, un recuerdo, un pedazo de su vida.Cuando escuchó el motor del camión, supo que era él.Anthony estacionó detrás y bajó del coche.Vestía de manera más informal que de costumbre, pero no por eso menos elegante. De hecho, ese aire relajado lo hacía ver aún más atractivo.Annie salió a recibirlo con una sonrisa.—Buenos días.—Buenos días, Annie —respondió él—. ¿Ya están listas?Violet apareció detrás de ella y se adelantó a contestarle:—Sí —dijo con una sonrisa leve.— Gracias por todo esto —añadió.—No tienen que agradecerme —respondió él—. Es lo justo. Los trabajadores comenzaron a sacar las cajas, subiéndolas al camión con rapidez. Annie observab
La semana transcurrió tanto para Thomas como para Annie en medio de las obligaciones exigidas en sus cargos y los recuerdos de lo que juntos habían vivido. Un mes, sí. Parecía poco tiempo pero para ambos había estado lleno de emociones intensas; una detrás de la otra. Thomas estaba sobrecargado de trabajo, aunque Julia integraba cumplir con sus responsabilidades, no era tan eficiente como Annie. —Annie —suspiró con pesar—. ¿Por qué todo tiene que ser tan difícil? ¿Por qué no consigo sacarte de mi cabeza? Al igual que Thomas, Annie se enfocaba en su nueva responsabilidad aunque en algunos momentos, los recuerdos la invadían y terminaba con el corazón apretujado y con deseos de volver a su lado. Mas eso, eta imposible. Esa tarde del viernes mientras ella recogía sus cosas para salir de la oficina, tocaron a la puerta de su oficina. —¡Adelante! —contestó desde adentro. La puerta se abrió y Anthony apareció en el umbral. —Hola —dijo con una leve sonrisa—, ¿ya estás lista
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