El día siguiente llegó. Alisson había intentado obligarse a desayunar, pero el estrés acumulado y la ansiedad de las últimas veinticuatro horas le habían cerrado el estómago por completo. Cuando llegó a la agencia, su piel tenía un tono casi translúcido y unas profundas ojeras marcaban sus ojos verdes.
A media mañana, el área de los ascensores principales estaba repleta de empleados yendo y viniendo. Alisson se encontraba allí, sosteniendo una carpeta de diseños contra su pecho, esperando para