Seis meses no había prensa, ni cámaras, ni invitados por compromiso. Solo el aroma de las peonías blancas, el susurro del viento entre los sauces y el sonido de una pequeña orquesta de cuerdas que tocaba una melodía suave, casi etérea.
Alisson se miró una última vez en el espejo de la habitación que Mariola le había preparado. El vestido, diseñado por ella misma, era una obra maestra de seda minimalista que abrazaba su figura recuperada, con una caída que recordaba al agua en movimiento. En su