Meses después.
El sol de la tarde se filtraba a través de los ventanales del penthouse, creando un camino de luz hasta la zona. El mundo seguía su rumbo y ritmo, pero en este espacio, el tiempo se medía de una forma distinta: por el ritmo de las patadas en el vientre de Alisson y por el suave tictac de un reloj de pared que marcaba la paz recuperada.
Alisson estaba recostada en un diván cómodo, rodeada de cojines. Su vientre, ahora una curva prominente y orgullosa de casi ocho meses, dictaba ca