El silencio se había vuelto una cuerda a punto de romperse, y fue Alisson quien finalmente la cortó. Estaba hirviendo por dentro, pero hizo un esfuerzo sobrehumano para mantener la voz firme. Lo miró directamente a los ojos, esos ojos que ahora le causaban más repulsión que cariño.—¿Qué horrible, no? —soltó ella de repente, con una sonrisa sin gracia—. Estaba muy ocupada. Y no es como si tú hubieras venido a buscarme todos estos días, Julian. Apenas apareces hoy, de la nada. Yo he estado lidiando con mis propios asuntos y hoy es que decides llamarme o plantarte en mi puerta. ¿Por qué no lo hiciste antes?Julian parpadeó, descolocado por la frialdad de sus palabras. Acostumbrado a la Alisson dulce y complaciente, esta nueva versión lo dejó sin armas por un segundo.—¿Estás molesta por algo? Porque te juro que no entiendo por qué actúas de esta manera, Alisson —cuestionó él, bastante confundido, frunciendo el ceño—. Tienes razón, estuve ausente, y lo siento. Lo siento mucho, de verdad,
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