Alisson comenzó a guardar sus pertenencias con movimientos mecánicos, sintiendo que el cuerpo le pesaba una tonelada. De pronto, al inclinarse para recoger su bolso, el mundo se inclinó con ella. El suelo de la oficina pareció ondularse y una mancha oscura invadió su visión periférica. —¡Harper! —el grito de Massimiliano sonó lejano, como si viniera desde el fondo de un túnel. Antes de que sus rodillas tocaran el alfombrado, unos brazos fornidos y firmes la atajaron. El calor del cuerpo de Massimiliano la envolvió, y por un segundo, sus brazos fuertes fueron lo único estable en su universo. Él la sostuvo con una fuerza que desmentía su frialdad habitual; sus ojos azules, por un breve instante, perdieron su brillo gélido para llenarse de alarma genuina mientras escaneaban el rostro pálido de ella. —Estoy bien... suélteme —susurró Alisson, recuperando el aliento y apartándose con torpeza en cuanto sintió que la sangre regresaba a su cabeza. Massimiliano la soltó, pero sus manos qued
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