El trayecto hacia el hospital fue rápido. El equipo de seguridad de los Fitzwilliam había coordinado todo con eficiencia; al llegar a la entrada de emergencias, un equipo de especialistas ya los esperaba con una silla de ruedas y rostros que no daban espacio al pánico, solo a la acción.
Massimiliano no soltó la mano de Alisson en ningún momento. Su traje hecho a medida estaba arrugado, y su impecable compostura de CEO había sido reemplazada por la fiereza de un hombre que estaba a punto de cono