Días después.
El sonido de la puerta de la joyería cerrándose a su espalda le produjo a Danna una sensación extraña en el pecho. No era miedo exactamente. Era algo más sutil, más persistente. Una alerta silenciosa.
Habían pasado varios días desde que estuvo enferma. Días en los que su cuerpo se había recuperado, pero su mente seguía cargada. Cada paso dentro de ese lugar le recordaba cosas que prefería no pensar.
—Danna —saludó Sofía desde el mostrador—. Pensamos que no volverías tan pronto.
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