La puerta principal se abrió con el sonido inconfundible de una llave girando en la cerradura.
Danna levantó la vista de inmediato. Su cuerpo reaccionó antes que su mente. Reconocía ese sonido incluso dormida.
Tom entró a la casa quitándose el abrigo, hablando distraídamente por el teléfono.
—Sí… déjalo en el sótano, mañana lo vemos —dijo con voz baja pero firme—. No, hoy no puedo.
Colgó justo cuando levantó la mirada y se encontró con la escena: Danna sentada a la mesa, con un plato de sopa fr