Danna intentó concentrarse en su trabajo, pero la sensación no se iba. Cada movimiento suyo parecía tener peso, cada respiración estaba medida. Sentía la joyería distinta, más silenciosa, más atenta a ella.
Apenas habían pasado unos minutos cuando John volvió a aparecer, esta vez apoyándose contra una de las vitrinas, como si su presencia allí fuese lo más natural del mundo.
—Sofía —dijo sin mirarla—, necesito que revises el inventario del fondo. Llévate a Milli.
Sofía levantó la vista, sorpre